Su función es retener humedad, ácidos e impurezas que circulan junto con el refrigerante, protegiendo al compresor, la válvula de expansión y el resto del circuito.
Al eliminar la humedad del sistema, evita la formación de hielo, la corrosión interna y las fallas prematuras del equipo, prolongando su vida útil y mejorando su rendimiento.
Ambos cumplen exactamente la misma función; la diferencia radica únicamente en la forma de instalación.
El filtro debe instalarse en la línea de líquido, entre el condensador y el dispositivo de expansión (capilar o válvula de expansión), respetando siempre la flecha de circulación grabada en el cuerpo del filtro, que indica el sentido correcto del flujo del refrigerante.
Se recomienda soldarlo utilizando nitrógeno durante el proceso de brasado para evitar la formación de óxido en el interior de las cañerías.
Como regla general, siempre que se reemplaza un compresor o se abre el circuito frigorífico para una reparación importante, es recomendable instalar un filtro molecular nuevo, ya que el anterior puede haber absorbido humedad y perder su capacidad de protección.
Consejo técnico: Nunca reutilices un filtro molecular. Una vez que ha estado en servicio o expuesto al ambiente, su capacidad para absorber humedad disminuye considerablemente.